miércoles, 6 de enero de 2010

Alegría sin edad con los Reyes en la Meca

Los 550 residentes, trabajadores y familiares disfrutaron un año más con la visita de los Magos. Hubo regalos especiales para tres residentes y un recuerdo cariñoso para Martín Ripalda, fallecido hace dos meses

A las 17.30 horas de la tarde, cuando todavía faltaba media hora para la llegada de Sus Majestades los Reyes de Oriente, la capilla de la Casa de Misericordia de Pamplona se encontraba ya a rebosar, entre residentes, trabajadores y familiares de ambos. Niños, jóvenes, adultos y abuelos se entremezclaban en los bancos, nerviosos, mientras el animador sociocultural del centro, Miguel Ángel Alústiza, les animaba a cantar villancicos para entretener la espera.

Para Tere Lizarraga Irigoyen, soltera, nacida en Lizarraga hace 92 años aunque vecina de Pamplona durante más de 40, ésta era su primera vez, ya que apenas lleva dos meses en la Meca. "Me rompí la cadera y por eso tuve que ingresar en una residencia", contaba, mientras esperaba la visita real. "Me parece muy buena idea que nos visiten y les pido sobre todo salud" decía.

La misma petición hacía Francisco Javier Valverde Zudaire, nacido en Guembe hace 80 años aunque residente la mitad de su vida en la capital navarra, los últimos diez años en la Meca, seis junto con su mujer y cuatro ya viudo. "En los años 50 hice de caballista en la Cabalgata", recordaba. "Lo importante es la salud".

La ilusión de los pequeños

Los más nerviosos eran sin duda los pequeños visitantes. Como Joel Castellanos Hernández, de 6 años, que, acompañado por sus padres, Diego y Anabel, su hermana Markel de 3 años y otros familiares, pasaba la jornada con su tía Maritxu, de 85 años. "Este año me he portado bien y he pedido la Fortaleza Rocosa y la Nintendo", contaba, sin perder de vista la puerta de entrada. "Melchor es mi rey preferido", añadía.

Yuriana Sáez Buque, de 4 años, prefería a Gaspar. "Me he portado bien en el cole", contaba. La niña esperaba encontrar hoy en su casa "las Barbies Mosqueteras y los Siete Enanitos". "Es que Blancanieves ya la tiene", especificaba su madre, Rosa, comentando que estaban allí por unos familiares de su marido, "los tíos Angelita y Juanjo", como señalaba la pequeña Yuriana.

El tiempo iba pasando y los nervios aumentando. Las seis, las seis y diez, las seis y veinte... y los Magos no aparecían. Y es que cientos de niños los habían retenido en la Plaza del Ayuntamiento, retrasando la comitiva.

De pronto... gritos de alegría y aplausos. ¡Por fin, allí estaban, ya era hora! ¡Melchor, Gaspar y Baltasar...!, acompañados de numerosos pajes y de un grupo de abanderados. A más de uno se le puso la piel de gallina...

Sin parar de saludar a doquier, los Reyes Magos se acercaron al altar, donde esperaban María y José (María Fernández Molina y Javier Puy Gutiérrez, ambos de 18 años), con el Niño Jesús. Como manda la tradición, Sus Majestades se postraron ante el Niño y el público cantó "Noche de Paz". Para rematar, un abanderado realizó increíbles malabarismos con hasta seis banderas, al son de cornetas y tambores, dejando boquiabiertos a niños y mayores.

Posteriormente, la comitiva real recorrió los diversos pabellones, cuyos pasillos se encontraban abarrotados por residentes, familiares y trabajadores.

Entre quienes pudieron saludar a los Reyes Magos estuvo Benedicta Temiño Huerta, de 87 años, seis en la Meca, viuda, con 4 hijos y 8 nietos, a quien acompañaba su hijo menor, Juanjo Delcura Temiño, de 50, quien le sacó una foto cuando Gaspar la saludó. "Vengo a visitarla todas las tardes", contaba el hijo, al tiempo que destacaba la visita como un acto "bonito" para los residentes.

Regalos "muy especiales"

Poco después de la siete la visita terminaba en el salón de recepciones, donde los Magos de Oriente entregaron regalos especiales para tres residentes también muy especiales: Josetxo Zaratiegui, de 60 años, que palmeaba de alegría y emoción con el suyo, una radio con CD; Francisca Catalán, de 78, que recibió una muñeca; y Paquito Ollacainceta, de 73 años, a quien le trajeron un jersey. Por sorpresa, además, hubo otro regalo para Miguel Ángel Alústiza: un álbum de fotos sobre las muchas cabalgatas que le ha tocado ya anunciar y animar.

No faltó un recuerdo cariñoso para quienes ya no están en la Casa de Misericordia, entre ellos el conocido Martín Ripalda, fallecido hace dos meses, y que, como contó Alústica, ya había pedido este año a los Reyes Magos "unas maracas".

No hubo tiempo para más. A toda prisa, los Magos y su corte bebieron algo para refrescar las gargantas y tomaron un bocado para coger fuerzas. Y es que fuera, en la calle, les esperaban, pese al frío, miles de pamploneses.

Visto en Diario de Navarra, Miércoles, 6 de enero de 2010 - 04:00 h

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