miércoles, 6 de enero de 2010

Más de 100.000 manos dieron una cálida bienvenida a los Reyes en una "noche mágica"

Por primera vez, se lanzó un cohete rojo, dos naranjas y uno verde para anunciar el desfile

Como un pequeño terremoto bajo el suelo, las vibraciones procedentes de los tres cohetes que anunciaban la llegada de los Reyes Magos marcaron con la puntualidad de un reloj suizo el comienzo de uno de los desfiles más esperados del año. Rojo, amarillo y verde, la luz abrió paso a la cabalgata de la capital foral.

La banda de música la Pamplonesa se lanzó desde la Meca en primer lugar, seguida de cerca por los caballistas y ante la atenta mirada de las miles de personas que se acercaron hasta la Vuelta del Castillo. Tras ellos, los emisarios directos de Sus Majestades de Oriente, que repartieron algo más que caramelos. Ilusión, simpatía y felicidad se dejaron sentir a pesar de las bajas temperaturas (los termómetros rondaron los 2-3 grados) que trataron de apagar la chispa que ardía en los ojos de los navarros. Poco importó que diez minutos antes de la salida, un leve chirimiri humedeciera el ambiente, ya que todos, mayores y pequeños, habían decidido regresar por unas horas a su infancia más pura. Para no perder la esencia, los zancos, siempre sobre sus elevaciones, desfilaron ante la agradecida mirada de quienes no lograron posicionarse en primera fila o tuvieron que disputarse un espacio entre los abultados abrigos de las señoras y las boinas de los hombres.

A pesar de los más de 25 grupos que componían el desfile, los ojos de los presentes miraban hacia la lejanía. Las carrozas de los tres grandes protagonistas de la cabalgata, Melchor, Gaspar y Baltasar, fueron sin duda el plato fuerte de la jornada. Incluso a pesar de la separación que dividió en dos la comitiva y de ir enfundados los presentes en cazadoras, guantes y gorros, los navarros se dejaron llevar y aplaudieron, gritaron y vitorearon el nombre de los Magos. Incluso hubo quienes fueron más allá y, anestesiados por los acordes de los villancicos de la carroza de Baltasar, entonaron alguna que otra estrofa navideña.

La expresividad de los más pequeños compitió duramente con los gestos de Sus Majestades, quienes derrocharon sonrisas y saludos para todos los niños que esperaban ansiosos su llegada. Tiraron caramelos y prometieron con repetidos guiños que los regalos llegarían a tiempo por la mañana. Baltasar no paró quieto en todo el recorrido, acercándose a cuantos niños podía.

De este modo y una vez finalizó el desfile, minutos antes de las 21.30 horas, sólo quedaba limpiar los zapatos a conciencia, colocar un pequeño aperitivo para Sus Majestades antes de acostarse. Nunca madrugar costó tan poco.

Visto en Diario de Navarra, Miércoles, 6 de enero de 2010 - 04:00 h.

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